empezó a soplar una brisa suave,
lenta,
lenta muy lenta.
Y desde las cenizas de la catástrofe,
fue apareciendo ella.
Ya no es alta, ni flaca, ni bella.
Algunos dicen que tiene cosas de él.
Pero es la nueva esposa la que pasea por las calles del principado mostrando el vientre hinchado del hijo que hicieron entre ambos, cosa de asegurarse con los nuevos cortesanos.
Dicen que ella hoy, no es nadie...
Pero los más apasionados y testigos de viejas épocas siguen rumoreando que en aquel lugar de las cenizas, ellos se habían entrecruzado hasta el alma del hartazgo.
Que fueron el par que jamás pudo repetirse, que eran tan preciosos juntos,
que producian la envidia de todos los cortesanos,
los ellos querían ser él y las ellas mataban por ser ella.
También cuentan episodios de cuando él confesaba las causas del por qué la amaba:
"las reflexiones de ella",
"el oportuno silencio de ella",
"la consabida admiración hacia él, de ella",
"la inteligencia aguda con ingenua apariencia de ella"
"la codicia de todos los varones por poseerla".


